El DRAE define “empresario” como “titular o propietario de una industria, negocio o empresa”, mientras que “emprendedor” se define como “que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas”. Queda claro que se trata de dos conceptos distintos y que se puede ser empresario sin ser necesariamente emprendedor y que, paralelamente, se puede ser emprendedor sin poseer industria, negocio o empresa algunas. Sin embargo, es cada vez más frecuente la sustitución del primer término por el segundo, de modo que el propietario de alguna de las entidades arriba mencionadas se inviste de un carácter resolutivo, y la gestión cotidiana de una panadería o de un almacén de contrachapados se convierte en una acción dificultosa o azarosa. Así, en el uso de los medios de comunicación se habla del “espíritu emprendedor”, de las “actitudes emprendedoras”, del “día del emprendedor”  o, directamente, de “emprendedores” en contextos en los que se podría hablar de “empresarios”. Se produce así un transvase de las cualidades positivas de la emprendeduría, por seguir un neologismo de moda, a todo un grupo social.

Que esta es una innovación reciente lo demuestra el que, en una búsqueda realizada en el corpus CREA de la Real Academia para todos los documentos publicados en España entre 2000 y 2004 en la sección de “Periódicos, Comercio y Finanzas”, solo se hayan encontrado seis ejemplos y, de ellos, cuatro estén ligados al sustantivo “espíritu”. La extensión de la que estamos hablando parece, pues, posterior a esta fecha.

¿Cómo se puede interpretar este aumento en el  significado, de adjetivo a sustantivo, por un lado, y complemento de muy pocos sustantivos a su ampliación de contextos, por el otro? Creo sinceramente que lo que este cambio indica es el deseo de proponer la actividad empresarial como modelo.

Es instructivo saber qué modelos positivos y qué modelos negativos se nos propone desde este tipo de cambios porque, uniendo ambas informaciones, podremos imaginar cuál es el mundo que se nos plantea. Pero no olvidemos que esto es un juego retórico y que la Retórica consiste en poner encima de la mesa un estado de cosas y proponerlo como la verdad, que asumirá rango de certeza a no ser que alguien la cuestione. De nosotros depende…

Salvador Pons Bordería



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