Aunque la crisis parece haber pasado, al parecer, aún seguimos necesitando cierta solvencia económica que nos puede ser proporcionada por ciertas entidades financieras. O al menos eso es lo que se nos dicen subliminalmente con todas esas campañas publicitarias que a diario vemos  en televisión. De entre las mismas hay una de la entidad Cofidis que me llama especialmente la atención, pues proclama a Coofidis por un lado, como entidad de referencia en el sector financiero; y por otro lado, instaura su marca corporativa dentro de nuestro subconsciente, haciendo que cada vez que se hable sobre préstamos o necesidades económicas, sea el nombre Cofidis lo que aparezca en nuestra mente de forma espontánea.

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Para ello, vamos a analizar el uso de los recursos lingüísticos utilizados para tal fin, en especial, la elección de una construcción sintáctica bastante habitual de nuestra lengua que posee un valor significativo estereotipado, es decir, que tiene un uso específico y un fin determinado. En primer lugar vamos a transcribir el anuncio al que nos referimos; en segundo lugar, hablaremos sobre el tipo de oración utilizada a la que han recurrido los publicistas de esta entidad; y en tercer lugar,  expondremos las similitudes entre todas las construcciones incluyendo la de esta famosa entidad.

Transcripción del anuncio:

 (1) – Por cierto, ¿puedes prestarme unos cuatro mil euros?
(2) – ¿Eh?, ¿Cuándo?
(1) – Ya. Yo te los iré devolviendo cómodamente. ¿vale?
–…
(2) ¿Pero tú que te crees que soy Cofidis↑?
–…
(1) – O sea, que me los prestas.

En nuestra lengua siempre ha un tipo de construcción sintáctica que transmite cierta ironía y que  en primera instancia, sirve para negar una petición de una forma menos agresiva que la negación en sí misma, y en segunda, otorga una imagen modélica y de fiabilidad al elemento con el que se va a comparar. En alguna ocasión habréis oído algunas de ellas, e incluso proferido parecidas, nos referimos al tipo de construcciones tales como estas: ¿Qué te crees que soy el banco de España? o ¿Qué te piensas que eres George Clooney? Claro está, para entenderlas, deberíamos ubicarnos en su contexto, siendo el de la primera enunciación, aquel en el que una persona, que llamaremos demandante no hace nada más que pedirle dinero a otra  persona, el demandado. Y este, cansado de prestarle dinero tantas veces, al final le dice: ¿Qué te crees que soy el banco de España? En el contexto de la segunda enunciación, hay una persona que siempre va jactándose de lo guapo que es, y dice algo así como que está guapo con todo lo que se pone, y entonces el amigo, o la persona a la que siempre le está dando la lata le dice: ¿Qué te crees que eres George Clooney?

Como podemos observar, la construcción es la misma, existen dos elementos opuestos escalarmente, uno que ocupa la última posición en la construcción y que tiene mayor relevancia. Y otro que refiere o bien al emisor del enunciado anterior, o  bien al del enunciado interrogativo, los cuales estarían en un nivel inferior y además tendrían una relevancia menor. En el caso de la primera enunciación, la del demandante de dinero, claramente es el propio emisor del enunciado el que se siente imposibilitado ante el gigante de la banca que es el banco de España, el cual es el único que tiene la solvencia necesaria para poder satisfacer las necesidades de millones de personas. En el segundo caso, el referente es George Clooney icono de belleza masculina y el elemento opuesto es el amigo creído, el cual no puede compararse con este porque carece de los atributos del actor. Vemos como el sentido de esta construcción con cierto talante irónico, es por un lado la negación, pues imposibilita el hecho de realización de lo demandado, ni te voy a dejar dinero, ni eres tan guapo como te piensas; mientras que por otro, nos graba en nuestro subconsciente dos modelos prototípicos que no se pueden alcanzar.

En el caso de Cofidis, pasa exactamente lo mismo, tenemos dos elementos que se comparan que son la entidad financiera, y el demandado, en el cual es la entidad la que se posiciona en primer lugar, la que adquiere más relevancia, el elemento con el que se compara el emisor del enunciado. Mientras que el emisor del enunciado, el demandado, es quien se posiciona en el último lugar de esta  escala comparativa, entendiendo esto como la imposibilidad por parte de este emisor de poder responder a la demanda solicitada. Además existe una segunda enunciación en la transcripción: ya te los iré devolviendo cómodamente que refuerza ese posicionamiento de relevancia puesto que le pide al demandado las mismas facilidades que ofrece esta entidad. En el caso de este eslogan publicitario, y sobre todo en la elección de sus publicistas para utilizar este tipo de construcción en su campaña, lo que deberíamos preguntarnos es el por qué de esto, qué es lo que Cofidis pretende conseguir con el uso de esta construcción. Y no solo basarnos en los aspectos obvios de la misma, es decir, la consecución de relevancia, sino en el hecho de por qué quiere esta relevancia, por qué necesita que lo almacenemos en nuestro subconsciente, y qué es lo que consigue con la misma. Los datos están expuestos, el sistema por el que se rige esta construcción desarrollado, solo queda que vosotros lo apliquéis y lo razonéis para obtener las respuestas.

Inmaculada Ostos Sobrino

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