“Mi alma os ha cortado a su medida/ por hábito del alma misma os quiero”… ¿Qué tienen en común estos archiconocidos versos de Garcilaso de la Vega y las advertencias sobre privacidad de las páginas web? Puede que nos sorprenda descubrir que la mayoría de estos breves párrafos emergentes sobre el uso de las cookies aluden a nuestros “hábitos” o a nuestras “preferencias” de forma casi tan poética como Garcilaso describía su pasión: “Este sitio web utiliza cookies para ofrecer un servicio hecho a tu medida” promete linkedin.com; esto es, afinidad absoluta a cambio de datos y estadísticas de navegación­. “Pinterest utiliza cookies para ayudarte a conseguir la mejor experiencia posible” –¿qué no daríamos por la mejor de las experiencias? –. O el muy literario “Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de brindarle una grata experiencia”, para espíritus refinados, de bbva.es. Cifradas en cláusulas de finalidad (“para”, “con el fin de”…) estas hiperbólicas declaraciones proporcionan alguna información sobre el mensaje que sería interesante analizar.

            Lo primero que nos preguntamos es si la inclusión de esta cláusula era necesaria o no, tanto legal como lingüísticamente, en este tipo de advertencia. El documento del Ministerio de Interior sobre la política de privacidad expone, entre otras cosas, que el mensaje debe referirse obligatoriamente a la instalación de cookies, indicando especialmente si se proporcionan o no datos sobre la navegación a terceros [http://www.interior.gob.es/documents/10180/13073/Guia_Cookies.pdf/7c72c988-1e55-42b5-aeee-f7c46a319903].

Una vez despejada esta duda, atendemos al esquema lingüístico de un acto de habla tal como el de una solicitud, presentándosenos como condición necesaria y suficiente el cumplimiento del siguiente esquema básico:

E (EMISOR) – ¿Quién lo solicita?

O (OBJETO) – ¿Qué se solicita?

D (DESTINATARIO) – ¿A quién se solicita?

(+) INFORMACIÓN ADICIONAL – ¿Para qué?

Como vemos, el “¿para qué?” no constituye aquí sino mera información adicional. Si no era necesario incluirlo, merece que le dediquemos especial atención, porque formará parte de una estretegia discursiva que podemos desentrañar. No parece irrelevante: de 100 páginas web que hemos visitado aleatoriamente, 98 utilizan esta cláusula de finalidad aparentemente superflua. Hemos dividido nuestra búsqueda atendiendo a cuatro servicios específicos que una página web puede ofrecer: compra y/o entretenimiento (tiendas de ropa on-line, páginas de series o películas en streaming, portales de juegos…), periódicos e información (plataformas para la escucha de radio, enciclopedias virtuales…), comunidades y redes sociales (foros especializados, dominios para compartir fotografías y vídeos…) y empresas de servicios como luz, agua, telefonía y seguros. Y el resultado es que casi la totalidad utilizan, en su mayoría a través del conector “para”, esta información adicional:

Figura 1. Introducción de la cláusula de finalidad

Pero lo más interesante ha sido observar algunas curiosas coincidencias en el contenido de las cláusulas, en lo que cada anuncio ha considerado pertinente expresar sobre la finalidad de su petición. Son pocas las páginas web que no se sirven de alguna de estas estrategias; de hecho, algunas explotan en un solo párrafo todas y cada una de ellas, cayendo otras en la redundancia: como en “Netflix utiliza cookies para la personalización y para personalizar sus anuncios en línea, entre otros fines”, por ejemplo. Incluimos el gráfico correspondiente tras la presentación de las estrategias.

ESTRATEGIA 1.

Llama mucho la atención la cantidad de palabras derivadas de “persona” presentes en las cláusulas: “personal”, “personalizar”, “personalización”… Aparecen más, significativamente, en el contexto de las comunidades y redes sociales, o bien de los periódicos y medios de comunicación, cuya estrategia mercadotécnica se basa precisamente en la construcción de un perfil identitario virtual ajustado a las características de un grupo social. Aceptar las cookies es percibido por el destinatario como una forma de reforzar su imagen social o de recibir contenido de acuerdo a su forma de pensar.

ESTRATEGIA 2.

Otras expresiones relevantes por su frecuencia de aparición giran en torno a “mejorar” u “optimizar” [“tu experiencia”, “nuestro servicio”, “su navegación”, etc.], justificando así el trasvase de datos a agencias publicitarias a través de la idea de un beneficio para el destinatario. Abundan, según nuestro muestreo aleatorio, entre las aseguradoras, empresas telefónicas y servicios como la luz y el agua, cuya finalidad estriba precisamente en proporcionar un servicio. Aceptar las cookies es percibido por el destinatario como una forma de percibir ventajas y beneficios en la prestación de este servicio.

ESTRATEGIA 3.

“Ofrecer” (“ofrecerle”, “ofrecerte”) y “oferta” (“proprocionarle las mejores ofertas”) aparecen de diversas maneras en muchas de estas solicitudes. Destacan en las empresas aseguradoras, telefónicas etc., pero también en el sector de las páginas web dedicadas a compras y entretenimiento. De nuevo, el usuario de estos dominios estará probablemente más inclinado a compartir sus datos de navegación con terceros si se le prometen descuentos o transacciones ventajosas.

ESTRATEGIA 4.

Vinculada a la primera de las estrategias que hemos mencionado, se encuentra la referencia a las “preferencias” o “intereses” del cliente, que abunda entre las advertencias que encontramos en periódicos y fuentes de información. Incidiendo así en la pertinencia del contenido informativo para el usuario –siempre y cuando acceda a compartir estadísticas de navegación con terceros–, la probabilidad de que la respuesta sea afirmativa parece mayor. De este modo, el usuario percibirá el mensaje como si prometiera información ajustada a sus deseos, esto es, de nuevo como un beneficio personal.

Figura 2. Presencia de las estrategias discursivas en la cláusula de finalidad

A menudo en el lenguaje, algo tan aparentemente inocuo como la respuesta a un “¿para qué?” constituye el resultado de una estrategia discursiva que atenúa, justificándola, una petición. Cuando hacemos una transacción, por lo general deseamos algo a cambio de lo que aportamos, y este es uno de esos casos. Las advertencias sobre política de privacidad de las páginas web nos ofrecen diversos pero similares motivos por los que sería una buena idea compartir con ellos nuestros hábitos de navegación, no solo para ellos, sino, según el mensaje, ante todo para nosotros. Queda en nuestras manos juzgar si, a cambio de este click, estamos accediendo realmente a través de Internet –ahora asombrosamente “mejorado”, “personalizado”, “de acuerdo con nuestros intereses” o “a nuestra medida”… – al mejor de los mundos posibles, o si se trata de una estrategia persuasiva que no se corresponde con la realidad.

Melania Torres Mariner

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